Hace aproximadamente dos meses estábamos tan sumergidos en nuestros nuevos proyectos, planes, en la creación de nuevas estrategias de negocio o en la planeación de nuestras próximas vacaciones. Teníamos el calendario topado de actividades y estábamos muy ocupados estando ocupados, que si algo salía de pronto generalmente nuestras primeras palabras eran “no tengo tiempo”.

El enfoque general era planear para garantizar el éxito en los negocios a nivel personal o empresarial. Sin embargo, la pausa era algo que casi no existía, y no existía ya que el pausar de alguna forma nos decía que podíamos perder el próximo negocio o el próximo cliente. Pero la gran pregunta para cada uno de nosotros sería ¿Me estaré perdiendo yo en medio de esta carrera?

Entiendo que para cada persona esto representa una realidad diferente, pero si es algo que deseo colocar en la palestra ya que a pesar que la situación actual ha obligado al mundo a realizar algo que nunca habíamos experimentado, la impresión es que no hemos pausado y que hemos trasladado la ocupación offline a la ocupación online.

Pero qué tal si en verdad bajamos las revoluciones y nos tomamos un verdadero espacio para el dialogo interno, para salir del piloto automático en la cual muchas veces vivimos. Qué tal si tomo este espacio para verdaderamente trabajar en aquellos aspectos de mi vida que por las “ocupaciones diarias” no atiendo. Qué tal si me doy el tiempo para ser honesto conmigo mismo y hacer lo que siempre he querido hacer y que verdaderamente amo sin estar preocupado por un instante de lo que ocurrirá mañana, como hemos podido ver no existen garantías.

Qué tal si realizo esa llamada, si hago esas preguntas profundas que nunca hice, que tal si sostengo esa conversación que he procrastinado por falta de “tiempo”. Qué tal si empiezo a conocer más de mis seres queridos o si empiezo a cuestionar si lo que hago hoy día sea cual sea la actividad es acorde a mi propósito o si es algo que hago porque es lo que viene en el futuro o porque la mayoría lo hace.

Qué tal si en vez de buscar crecer intelectualmente busco crecer y fortalecer mi espíritu. Qué tal si decido conocer más a Dios y tener una relación personal con él.

Qué tal si decido agradecer todo lo que ocurre aun en medio del panorama que se puede tener o vislumbrar. Qué tal si decido decirle adiós al mañana y decido vivir cada día sin dejar nada en el tanque, inspirando, motivando y aportando a la trasformación de este mundo. Qué tal si dejo a un lado las excusas, los miedos, las opiniones de los demás o el cómo me veré si me equivoco y salgo a dar lo mejor de mi sin compararme con más nadie.

Qué tal si solo decido pasar más tiempo escuchándome, encontrándome, descubriendo más de mí, de mi verdadera identidad y razón de estar aquí en este preciso momento. Qué tal si decido dejar de ocuparme por estar preocupado y ocuparme para dar sentido y significado a la vida.

Qué tal si decido solo levantarme de cama para admirar cada espacio del lugar en donde me encuentre, del cielo, de las plantas, del aire que tengo la oportunidad de respirar o del cantar de las aves y no para correr al computador o al celular.

Qué tal si decido juzgar más con el corazón y menos con la mente. Qué tal si decido amar a la humanidad y ver todo como una posibilidad y no como una limitante. Qué tal si me permito ser frágil y desde ahí descubrir mi fortaleza para colocarla al servicio de los demás.

Qué tal si decido tener conversaciones profundas con propósito y no solo por compartir porque estoy aburrido. Qué tal si decido conocer que existe detrás de las sonrisas de las personas y aprender más de ellas. Qué tal si decido ser todo lo que puedo ser y desafiar al máximo mi potencial; pero no porque esté en competencia con el mundo sino porque deseo dar más de mí al mundo.

Qué tal si decido pausar y volver a empezar pero de una manera diferente buscando de todo corazón aportar a la humanidad. Solo que tal si hago esto y me convierto en un soñador y constructor de un futuro esperanzador.

Solo que tal sí….